Un nuevo ataque en Nigeria
acaba con la vida de centenares de personas
Dos
meses despuŽs de la muerte de 300 nigerianos durante un brote de violencia en
el centro de Nigeria, ganaderos musulmanes armados atacaron durante el pasado
fin de semana tres aldeas cristianas, resultando un dram‡tico balance de al
menos 500 muertos, entre ellos mujeres y ni–os. ÒLos hospitales est‡n
recibiendo aœn numerosos heridos en estas horasÓ, dijo a la agencia MISNA Robin
Waudo, responsable del ComitŽ Internacional de la Cruz Roja (CICR) que
permanece en constante contacto con la Cruz Roja y la Media Luna Roja
nigerianas.
ÒLa
causa de la violencia en la zona de Jos, al igual que en otras localidades del
norte de Nigeria en el pasado, no es la religi—n sino cuestiones sociales, pol’ticas
y econ—micasÓ, manifest— el sacerdote Gabriel Gowok, secretario de la arquidi—cesis
de Jos explicando la naturaleza de los enfrentamientos ocurridos en el estado
de Plateau.
Gowok
precis— que Òen las regiones del norte, la rivalidad por el control del territorio
es mucho mayor que en otras zonas del pa’sÓ, y agreg— ayer que se estaba
celebrando "una reuni—n entre representantes cristianos y musulmanes, en
la que participa tambiŽn el arzobispo de Jos, Ignatius Ayau igama, para
analizar los acontecimientos de las œltimas horasÓ.
Mientras
tanto, la cruz roja y las organizaciones locales tratan de organizar la ayuda a
cientos de familias que han huido de la violencia y que poco a poco comienzan a
retornar a sus casas. ÒLa tensi—n sigue siendo alta, pero el ejŽrcito
restableci— la calma ya anoche (noche del domingo al lunes)Ó, agreg— la misma
fuente, segœn la cual los des—rdenes y la violencia se ven favorecidas Òpor la
gran cantidad de armas que circulan tranquilamente, sin controles ni sancionesÓ.
En
una entrevista concedida a Radio Vaticana, el arzobispo de Abuya, monse–or John
Olorunfemi Onaiyekan, afirm— que Òlo que est‡ sucediendo es el m‡s cl‡sico de
los conflictos entre pastores y agricultores. Pero como los pastores Fulani son
musulmanes, y los agricultores generalmente cristianos, la prensa internacional
tiende a decir que son cristianos y musulmanes que se matan mutuamenteÓ.
ÒLa
iglesia sigue trabajando para facilitar la colaboraci—n y la convivencia
pac’fica entre comunidades cristianas y musulmanas, mientras trata al mismo
tiempo de hacer frente a problemas concretos, en particular de origen econ—mico,
pol’tico y Žtnico que son la causa de la violencia", continu— el
prelado.
ÒNos
apena much’simo que el gobierno, que tiene el deber de garantizar la seguridad
de todos los ciudadanos, parece carecer de la capacidad para hacerlo, no por
falta de voluntad, sino por ser un gobierno sumamente dŽbilÓ, concluy— el
arzobispo.
En
efecto, los enfrentamientos en Jos se producen en un momento delicado del pa’s,
cuando el vicepresidente Jonathan Goodluk ha debido asumir la presidencia
interina, debido a la larga ausencia del jefe de estado Umaru YarÕadua, que
todav’a se encuentra convaleciente de una crisis cardiaca por la cual estuvo
internado durante meses en una cl’nica en Arabia Saudita.
Los
funerales masivos de las v’ctimas se realizaron ayer en las tres aldeas
cercanas a Jos, de mayor’a musulmana, perteneciente a la etnia fulani. La
prensa local destac— que los residentes musulmanes de los poblados de Dogo
Nahawa, Ratsat y Jeji, en el estado de Plateau, fueron advertidos del ataque
dos d’as antes mediante mensajes de texto.
Las
bandas, armadas con machetes, hachas, guada–as, palos y armas de fuego,
entraron en las aldeas al grito de "Allah akhbar" (Dios es grande, en
‡rabe) antes de irrumpir en los hogares y protagonizar un verdadero ba–o de
sangre durante tres horas.
"Tenemos
m‡s de 500 personas asesinadas en tres aldeas, y los sobrevivientes se
encuentran ocupados enterrando a sus muertos", dijo el comisionado de
informaci—n de Plateau, Gregory Yenlong. "La gente fue atacada con hachas,
picos, guada–as y sables. Muchos eran ni–os y mujeres embarazadas", agreg—
el funcionario.
La
violencia se concentr— en los alrededores de la aldea de Dogo Nahawa, donde las
bandas prendieron fuego las chozas de paja y adobe antes de embarcarse en una
incursi—n de destrucci—n y asesinatos.
Activistas
defensores de los derechos humanos dijeron ayer que la matanza parecer’a ser
una venganza por los ataques de enero pasado, cuando la mayor’a de los muertos
fueron musulmanes.
Los
analistas coincidieron en afirmar que la masacre de ayer fue la escalada de
violencia que se inici— con el robo de ganado, al que le sucedieron las
represalias de los fulani.
La
explosi—n de violencia es la œltima entre dos etnias rivales que profesan
religiones diferentes. En enero pasado, 326 personas fueron asesinadas durante
los violentos choques en Jos, que fueron denunciados como actos de jihad
(guerra santa) por los dirigentes cristianos. La imputaci—n fue descartada por
el arzobispo de Abuya.
Los enfrentamientos interreligiosos fueron condenados por
las Naciones Unidas, la Casa Blanca y el Vaticano. "Seguimos llamando a
todos los protagonistas a que muestren contenci—n", declar— la secretaria
de Estado norteamericana, Hillary Clinton, que reclam— que los autores de las
masacres sean llevados ante los tribunales.