Presentada
nueva Enc’clica ÒCaritas in veritateÓ (La Caridad en la verdad)
Hoy se present— en la sala de prensa de la Santa sede,
la Enc’clica del Santo Padre Benedicto XVI con el t’tulo, ÒCaritas in VeritateÓ.
Intervinieron en la presentaci—n el cardenal Renato Martino, presidente del
Pontificio Consejo Justicia y Paz, el cardenal Paul Josef Cordes, presidente
del Pontificio Consejo Cor Unum, mons. Giampaolo Crepaldi, secretario del
Pontificio Consejo Justicia y Paz, Stefano Zamagni, profesor ordinario de
econom’a Pol’tica de la universidad de Bolonia, consultor del Pontificio
Consejo Justicia y Paz.
En las declaraciones del
presidente del dicasterio por la Justicia y la Paz, afirm— que al inicio la
Caritas in Veritate elPapa la hab’a pensado como una conmemoraci—n por los 40 a–os
de la Populorum progressio de Pablo VI, s—lo que su redacci—n necesit— mucho m‡s
tiempo, y la fecha del 2007 a–o que se celebr— este aniversario fue superado.
Pero esto no elimina el lazo importante con la enc’clica paolina evidente ya
desde el hecho que la Caritas in veritate se le llama una enc’clica Òsobre el
desarrollo humano integral en la caridad y en la verdadÓ.
ÒUni—n
evidente en el primer cap’tulo de la enc’clica, que se dedica a retomar la
Populorum Progressio, y a releer la ense–anza dentro del magisterio total de
Pablo VI. El tema de la Caritas in Veritate no es el desarrollo de los pueblos,
sino el desarrollo humano integral, sin que Žste conlleve a un descuido del
primero. Se puede decir por tanto, que la perspectiva de la Populorum
Progressio se alarga, en continuidad con sus din‡micas profundasÓ.
Adem‡s
el purpurado dijo que no creer que se deba olvidar que la Caritas in veritate
demuestra con claridad no s—lo que el pontificado de Pablo VI no fue
representado por ningœn Òarredramiento Ò sobre la doctrina social de la
Iglesia, como se dijo muy a menudo, sino que m‡s bien este Papa contribuy— en
modo significativo en impostar la visi—n de la Doctrina Social de la Iglesia
sobre el camino de la Gaudium et spes y de la tradici—n precedente y constituy—
las bases, sobre las cuales se pudo introducir luego Juan Pablo II.
ÒNo
debe dejarse escapar la importancia de estas evaluaciones de la Caritas in
Veritate, que eliminan tantas interpretaciones que han pesado y pesan aœn hoy d’a,
sobre el uso de la Doctrina Social de la Iglesia, y sobre la idea de su
naturaleza y utilidad. La Caritas in Veritate pone a la luz como Pablo VI hab’a
unido estrechamente la doctrina social de la Iglesia con la Evangelizaci—n,
Evangelii Nuntiandi, y hab’a previsto la importancia central que habr’an
asumido en las problem‡ticas sociales los temas unidos a la procreaci—n,
(Humanae Vitae).
M‡s adelante, el purpurado afirm—
que dentro de este humanismo integral, la Caritas in veritate habla tambiŽn de
la actual crisis econ—mica y financiera. La prensa demostr— su interŽs
sobretodo en este aspecto y los peri—dicos se preguntaron que habr’a dicho la
enc’clica al respecto.
ÒQuisiera decir
que el tema central de la enc’clica no es este. Pero la Caritas Veritate no lo
dej— de lado. Afront— la problem‡tica, no en un sentido tŽcnico, sino evalu‡ndola
a la luz de posprincipios de reflexi—n y de los criterios de juicio de la
Doctrina Social de la Iglesia y dentro de una visi—n m‡s general de la econom’a,
de sus fines y de la responsabilidad de sus actores. La crisis en acto pone en
evidencia, segœn la Caritas Veritate que la necesidad de volver a pensar tambiŽn
al modelo econ—mico llamado ÒoccidentalÓ solicitada por la Centesimus annus
hace 20 a–os no fue actuado en profundidad. Y esto lo afirma luego de haber
aclarado, como ya hab’a previsto Pablo VI, y como hoy d’a podemos apreciar, que
el problema del desarrollo se convirti— en policŽntrico y el cuadro de las
responsabilidades, de los meritos y las culpas se ha articulado.
Por
œltimo, el cardenal Martino en su intervenci—n esta ma–ana, dijo que en el t’tulo
de la Caritas in veritate aparecen los dos tŽrminos fundamentales del
magisterio de Benedicto XVI, la caridad y la verdad. Estos dos tŽrminos han
marcado todo su magisterio en estos a–os de pontificado, porque representan la
misma esencia de la revelaci—n cristiana. ƒstos en su conexi—n, son el motivo
fundamental de la dimensi—n hist—rica y pœblica del cristianismo, son el origen
de la doctrina social de la Iglesia. De hecho dijo por œltimo, por Žste lazo
estrecho con la verdad, la caridad se puede reconocer como expresi—n autŽntica
de humanidad y como elemento de importancia fundamental en las relaciones
humanas, incluso en las de naturaleza pœblica. S—lo en la verdad la caridad
resplandece y puede ser vivida autŽnticamente.
Por
su parte el presidente del Pontifico Consejo Cor Unum, cardenal Paul Josef
Cordes, afirm— que el coraz—n de la doctrina social es siempre el hombre. En
una primera fase la atenci—n de esta disciplina se hab’a orientado en las
situaciones problem‡ticas de la sociedad, el reglamento del trabajo, acceso a
un salario equitativo, representaci—n de los trabajadores. M‡s tarde estas
problem‡ticas se afrontaron a nivel internacional: como el desequilibrio entre
ricos y pobres, el desarrollo, las relaciones internacionales.
ÒCon
la acentuaci—n teol—gica se acerca con m‡s fuerza, con Juan XXIII la pregunta
sobre la reca’da de todo esto sobre el hombre. Juan Pablo II reforz—
ulteriormente esta conciencia centr‡ndose en el problema antropol—gico de la
reflexi—n social. Este aspecto est‡ presente en este documento: el primer
capital por salvaguardar y por valorizar es el hombre, en su integridad, Òla cuesti—n
social se ha convertido radicalmente en una cuesti—n antropol—gica.
El
purpurado afirm— adem‡s que para que el progreso exista verdaderamente, el
hombre debe crecer completamente: y en el texto se hace referencia al ambiente,
al mercado, a la globalizaci—n, a la cuesti—n Žtica, a la vida, a la cultura, o
sea a los diversos ‡mbitos en los cuales el hombre explica su actividad. La
cuesti—n antropol—gica implica que se debe responder a una pregunta central, ÀquŽ
hombre queremos promover? ÀSe puede considerar un desarrollo verdadero aquel
que encierra al hombre en un horizonte intra terrenal, hecho s—lo de bienestar
material, y que se extiende desde la cuesti—n de los valores, de los
significados, del infinito al cu‡l ha sido llamado el hombre?
ÒEn
la l—gica de esta enc’clica se presenta un pasaje ulterior, tal vez una tercera
fase de la reflexi—n de la doctrina social. No es una casualidad que se puso la
caridad como punto por desarrollar, por tanto, la caridad divina que responde
como acto humano es una virtud teologal. El hombre entonces no es s—lo un
objetivo de un proceso, sino un sujeto de este proceso. El hombre que ha
conocido Cristo es el actor del cambio para que la doctrina social no sea una
carta muerta. Escribe Benedicto XVI: Òel desarrollo es imposible sin hombres
rectos, sin agentes econ—micos y hombres pol’ticos que viven fuertemente en sus
conciencias el llamamiento al bienestar comœn.
Para
concluir con su intervenci—n el cardenal Cordes dijo que es en este momento en
que se est‡ en directa continuidad con la enc’clica Deus caritas est, que en su
segunda parte, consider— las caracter’sticas de quien trabaja en los organismos
caritativos. Y as’ el horizonte se amplia al mundo de la vida pœblica, al que
asistimos muy a menudo, dijo, la diferencia entre el norte y el sur, fen—menos
muy conocidos para todos, y que impiden el crecimiento de un pueblo, la
corrupci—n y la ilegalidad, la sed del poder.
El
pecado de los or’genes, como recuerda nuestro texto, impide en muchos lugares
la construcci—n de la sociedad. Incluso en quien la conduce. No se puede
afrontar la cuesti—n social sin referirse a la cuesti—n Žtica. La Enc’clica se
refiere al hombre nuevo en el sentido b’blico. No existe una sociedad sin
hombres nuevos. La doctrina social, dijo por œltimo el purpurado, no permanece
s—lo como un papel o ideolog’a s—lo si los cristianos no est‡n dispuestos a
vivirla en la caridad, con la ayuda del Dios.