Benedicto
XVI: Dios permite el dolor, para llevarnos hacia un bien m‡s grande
En
este tercer domingo de Cuaresma, Benedicto XVI ha analizado durante su alocuci—n
previa al rezo mariano del çngelus, el tema de la conversi—n que la liturgia de
hoy presenta. ÒDios se manifiesta de diferentes maneras, tambiŽn en la vida de
cada uno de nosotros. Pero para poder reconocer su presencia, es necesario que
nos acerquemos a ƒl conscientes de nuestra miseria y con profundo respetoÓ.
Porque si no nos acercamos a Dios con este esp’ritu, Òno seremos capaces de
encontrarlo y entrar en comuni—n con ƒlÓ, ha matizado el Santo Padre,
recordando que Dios se revela a quien se presenta ante ƒl Òpobre y humildeÓ.
Ante
los numerosos fieles congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano,
Benedicto XVI ha explicado el contenido del Evangelio de hoy, en el que a Jesœs
se le piden explicaciones por diferentes eventos negativos que acaecen en un
mismo d’a. En este sentido, frente a la f‡cil conclusi—n de considerar el mal
como efecto del castigo divino, Jesœs proclama la inocencia de Dios, que es
bueno y no quiere el mal. ÒJesœs
invita a hacer una lectura diferentes de los hechos, situ‡ndoles bajo la
perspectiva de la conversi—n: las desventuras, los eventos dolorosos, no tienen
que suscitar en nosotros curiosidad o bœsqueda de presuntos culpables, sino que
tienen que representar una ocasi—n para reflexionar, para vencer la ilusi—n de
poder vivir sin Dios, y para reforzar, con la ayuda del Se–or, el compromiso de
cambiar la vidaÓ.
Benedicto XVI ha proseguido su alocuci—n previa
al rezo mariano del çngelus, se–alando que frente al pecado, Dios se manifiesta
lleno de misericordia, y continœa a invitar a los pecadores a Òevitar el mal, a
crecer en su amor, y a ayudar concretamente al pr—jimo necesitado, para vivir
la felicidad de la gracia y no avocarse hacia la muerte eternaÓ. ÒPero la
posibilidad de conversi—n exige que aprendamos a leer los hechos de la vida
bajo la perspectiva de la fe, es decir, animados por el santo temor de Dios. En
presencia de sufrimientos y lutos, la verdadera sabidur’a es dejarse interpelar
por la precariedad de la existencia y leer la historia humana con los ojos de
Dios, el cual, queriendo siempre y s—lo el bien de sus hijos, por un dise–o
inescrutable de su amor, a veces permite que experimenten el dolor, para
llevarlos hacia un bien m‡s grandeÓ.