foto_01.jpgBenedicto XVI: Dios permite el dolor, para llevarnos hacia un bien m‡s grande

En este tercer domingo de Cuaresma, Benedicto XVI ha analizado durante su alocuci—n previa al rezo mariano del çngelus, el tema de la conversi—n que la liturgia de hoy presenta. ÒDios se manifiesta de diferentes maneras, tambiŽn en la vida de cada uno de nosotros. Pero para poder reconocer su presencia, es necesario que nos acerquemos a ƒl conscientes de nuestra miseria y con profundo respetoÓ. Porque si no nos acercamos a Dios con este esp’ritu, Òno seremos capaces de encontrarlo y entrar en comuni—n con ƒlÓ, ha matizado el Santo Padre, recordando que Dios se revela a quien se presenta ante ƒl Òpobre y humildeÓ.

Ante los numerosos fieles congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano, Benedicto XVI ha explicado el contenido del Evangelio de hoy, en el que a Jesœs se le piden explicaciones por diferentes eventos negativos que acaecen en un mismo d’a. En este sentido, frente a la f‡cil conclusi—n de considerar el mal como efecto del castigo divino, Jesœs proclama la inocencia de Dios, que es bueno y no quiere el mal.  ÒJesœs invita a hacer una lectura diferentes de los hechos, situ‡ndoles bajo la perspectiva de la conversi—n: las desventuras, los eventos dolorosos, no tienen que suscitar en nosotros curiosidad o bœsqueda de presuntos culpables, sino que tienen que representar una ocasi—n para reflexionar, para vencer la ilusi—n de poder vivir sin Dios, y para reforzar, con la ayuda del Se–or, el compromiso de cambiar la vidaÓ.

Benedicto XVI ha proseguido su alocuci—n previa al rezo mariano del çngelus, se–alando que frente al pecado, Dios se manifiesta lleno de misericordia, y continœa a invitar a los pecadores a Òevitar el mal, a crecer en su amor, y a ayudar concretamente al pr—jimo necesitado, para vivir la felicidad de la gracia y no avocarse hacia la muerte eternaÓ. ÒPero la posibilidad de conversi—n exige que aprendamos a leer los hechos de la vida bajo la perspectiva de la fe, es decir, animados por el santo temor de Dios. En presencia de sufrimientos y lutos, la verdadera sabidur’a es dejarse interpelar por la precariedad de la existencia y leer la historia humana con los ojos de Dios, el cual, queriendo siempre y s—lo el bien de sus hijos, por un dise–o inescrutable de su amor, a veces permite que experimenten el dolor, para llevarlos hacia un bien m‡s grandeÓ.